La póliza de crédito es la línea de financiación más común en las pymes españolas y la peor entendida. Se contrata «por si acaso», se dispone «un poco», y un día el banco pide renovarla con el saldo al límite y nadie sabe explicar en qué se ha ido. Esta guía cuenta qué es exactamente, cuánto cuesta de verdad, para qué sirve y, sobre todo, para qué no sirve.
Qué es una póliza de crédito, y qué la distingue de un préstamo
Una póliza de crédito (también cuenta de crédito) es un contrato por el que el banco pone a disposición de la empresa un límite, por ejemplo 100.000 €, durante un plazo, normalmente un año renovable. La empresa dispone de lo que necesita cuando lo necesita, hasta ese límite, y devuelve cuando quiere dentro del plazo. Tres cifras la describen en cualquier momento: el límite, lo dispuesto y lo disponible, que es la diferencia entre los dos.
La diferencia con un préstamo es de fondo, no de nombre. El préstamo entrega todo el dinero el primer día y se devuelve por cuotas: se paga interés por el total desde el principio, se use o no. La póliza cobra interés solo por lo dispuesto y solo por los días que está dispuesto. Por eso es el instrumento natural del circulante, es decir, de los desfases entre cobros y pagos, y el préstamo lo es de la inversión.
Se liquida por trimestres: el banco calcula los intereses de cada día según el saldo dispuesto y los carga en cuenta. Al vencimiento, si se renueva, el ciclo empieza otra vez; si no se renueva, hay que devolver el saldo entero ese día. Ese día es el que casi nadie tiene en su previsión de tesorería.
Cuánto cuesta de verdad
El precio de una póliza no es el diferencial que sale en la oferta. Son cuatro partidas, y dos de ellas se pagan aunque no se toque el dinero:
- Interés sobre lo dispuesto. Euríbor (a tres o doce meses) más un diferencial, que en pymes suele moverse entre el 1,5 y el 4 según riesgo y garantías. Se calcula día a día sobre el saldo dispuesto.
- Comisión de apertura o de renovación. Entre el 0,25 y el 1 del límite, se paga al firmar, se disponga o no.
- Comisión de no disponibilidad. Un porcentaje trimestral sobre la parte del límite que no se usa, habitualmente entre el 0,10 y el 0,25 por trimestre. Es la que hace que una póliza «por si acaso» no sea gratis.
- Comisión por saldo excedido. Si se supera el límite, un porcentaje sobre el mayor exceso del periodo, además de un interés de demora. Es la más cara de todas y la más fácil de evitar.
Un ejemplo con cifras redondas. Límite de 100.000 €, Euríbor a doce meses del 2,50 y diferencial del 2: un 4,50 en total. Se disponen 40.000 € durante 45 días para cubrir el desfase de un trimestre: 40.000 × 4,50 % × 45/360 = 225 € de interés. La apertura, al 0,50, son 500 € el día de la firma. La no disponibilidad, al 0,15 trimestral sobre los 60.000 € que no se usan, 90 € cada trimestre. Con ese uso cada trimestre, el año cuesta 4 × 225 + 500 + 4 × 90 = 1.760 €, y más de la mitad es apertura y no disponibilidad: lo que se paga por tener el límite, no por usarlo.
La lección no es «la póliza es cara». Es que el coste depende de cómo se usa: una póliza bien dimensionada que sube y baja con el calendario es la financiación más barata que existe para un desfase; una póliza sobredimensionada o dispuesta todo el año es de las más caras, y encima no se nota, porque el cargo trimestral llega sin factura que lo explique.
Para qué sirve: tapar un descubierto que vuelve solo
El caso legítimo de la póliza es el desfase de calendario. La empresa paga del 1 al 20 (nóminas, seguros sociales, recibos, proveedores) y cobra del 25 al 30. La curva diaria de caja se hunde bajo cero unos días y vuelve sola cuando entran los cobros. Ahí la póliza es la herramienta correcta: se dispone lo justo el día que la caja lo pide y se devuelve el día que entran los cobros. Cada tramo tiene principio, fin e importe conocidos, y el interés es el de esos días y nada más.
Tres condiciones que separan el uso bueno del malo:
- El tramo se cierra dentro del horizonte. Los cobros que lo cierran están previstos, con fecha y con importe. Si no se sabe qué lo va a cerrar, no es un desfase (ver el apartado siguiente).
- El importe cabe en el disponible, no en el límite. Si la póliza ya está dispuesta en 70.000 €, solo quedan 30.000 €, y un descubierto de 45.000 € no cabe por mucho que el contrato diga 100.000 €.
- Se dispone lo justo. Disponer el máximo «para estar tranquilo» es pagar interés diario por dinero parado en la cuenta. La tranquilidad la da la previsión, no el saldo.
Con una previsión de tesorería día a día, esto se ve solo: los tramos en que la curva se hunde bajo el colchón aparecen con su primer día, su último día y su punto más bajo, y disponer lo justo esos días tiene un coste que se puede calcular antes de firmar nada. Es exactamente lo que hace Lyquia con la póliza: busca los episodios en que la caja diaria cae bajo cero y propone disponer lo justo los días justos, con su coste al Euríbor del día.
Para qué no sirve, aunque parezca más barata
- Para mover un vencimiento. Aplazar un pago a un proveedor o adelantar un cobro de un cliente tienen sus propios instrumentos, el confirming y el factoring, que se liquidan solos con la factura y cuestan lo que cuestan esos días. Financiar eso con la póliza convierte una operación con principio y fin en deuda que se queda: el saldo no baja, se renueva, y cada año hay menos disponible para el desfase de verdad. Por eso Lyquia nunca propone la póliza para mover un vencimiento, ni aunque en ese momento salga más barata.
- Para un agujero que no se cierra. Si la curva cae y no vuelve dentro de los doce meses, no es un desfase de calendario: es que la empresa gasta más de lo que ingresa. La póliza solo cambia el mes en que se ve, y cuando llega la renovación el banco encuentra una póliza al límite todo el año, que es justo lo que menos quiere encontrar. Lyquia tampoco la ofrece cuando el tramo no se cierra dentro del horizonte, por esa misma razón.
- Para sumarla a la caja. El saldo de partida de una previsión es la caja real. Sumarle el disponible de la póliza tapa todos los agujeros, gratis y para siempre, y deja a la empresa sin saber cuál era el problema. Es un error muy frecuente en hojas de cálculo caseras y desactiva la previsión entera.
- Como parche permanente de nóminas e impuestos. Aquí hay un matiz importante: una nómina o un impuesto no se pueden financiar con confirming ni con factoring, porque no hay factura detrás, así que la póliza es la única línea que puede cubrir esos días. Precisamente por eso hay que reservarle disponible para ellos, y no gastarlo en financiar lo que tiene su propia línea.
Cómo dimensionarla y cómo renovarla
El límite lo dice la curva, no la intuición. La referencia es el pico del descubierto recurrente de los últimos doce meses, o mejor, el de la previsión a doce meses, más un margen del 20 al 30 por ciento. Pedir el doble «por si acaso» cuesta no disponibilidad cada trimestre y transmite al banco que la empresa no sabe cuánto necesita.
La renovación se prepara dos meses antes, con la previsión delante. Saldo medio dispuesto, picos, días al límite, y qué cobros cierran cada tramo. Un banco renueva con gusto una póliza que sube y baja, porque ve una empresa que la usa para lo que es; desconfía de una plana al límite, porque ve un préstamo disfrazado. Con la curva delante se negocia también el diferencial: la disciplina se paga menos que la incertidumbre.
La fecha de vencimiento es un pago potencial. Si el banco no renueva, ese día hay que devolver el saldo dispuesto entero. Tiene que estar en la previsión como lo que es: un vencimiento con importe, no una nota al pie.
Las garantías se negocian con datos. En una pyme lo habitual es el aval personal de los socios, a veces una pignoración. Cuanto más clara sea la previsión que se enseña, más fácil es limitar el aval y bajar el diferencial. Y si la empresa trabaja con varios bancos, el reparto importa: dos pólizas medianas en dos entidades valen más que una grande en una sola, porque la renovación no depende de un solo comité.
Esto es lo que hace Lyquia con tu póliza. Busca los tramos en que la caja diaria se hunde bajo cero, propone disponer lo justo los días justos y le pone precio con el Euríbor del día; y no la propone nunca para mover un vencimiento, ni cuando el tramo no se cierra dentro del horizonte. Desde 99 €/mes, sin permanencia.
Ver Lyquia en acciónPreguntas rápidas
¿Póliza de crédito o préstamo para un bache de tesorería?
Si el bache tiene fecha de fin conocida, póliza: se paga por los días que dura. Si no tiene fecha de fin, ni una ni otra hasta entender por qué la caja no vuelve; financiar un déficit estructural solo lo aplaza, y con intereses.
¿Qué pasa si el banco no renueva la póliza?
Hay que devolver el saldo dispuesto al vencimiento. Por eso la fecha de renovación tiene que figurar en la previsión como un pago potencial, y la conversación con el banco empieza dos meses antes, con la previsión delante.
¿Conviene tener la póliza dispuesta al máximo por seguridad?
No. Se paga interés diario por dinero parado en cuenta, y en la renovación el banco ve una póliza plana al límite. La seguridad la da saber qué días hará falta y cuánto; el saldo, no.
Conocer Lyquia · Guía: el pool bancario · Guía: confirming y factoring · Planes desde 99 €/mes